ISSN 2215-972X
ISSN 2215-9738

San Juan de Pasto, Nariño , Colombia

PORTADA PRIMER NÚMERO

PORTADA PRIMER NÚMERO
Ilustración de Jhon Felipe Benavides ©

14 de octubre de 2010

ESPECIALES (Reportaje y Entrevista)

ENTREVISTA DE LA REVISTA
CULTURAL AVATARES
A EVELIO JOSÉ ROSERO DIAGO


En el marco del lanzamiento de la Revista del Taller de Escritores
Awasca No. 20, realizado en San Juan de Pasto en septiembre de
2009, se llevó a cabo un conversatorio con Evelio Rosero (Bogotá,
1968) uno de los escritores colombianos contemporáneos más
importantes, autor de la trilogía novelística “Primera vez” (así
llamada a causa de sus narradores infantiles o adolescentes),
integrada por las obras Mateo solo (1984), Juliana los mira (1986)
y El incendiado (1988). Desde hace muchos años se le nombra con
emoción en el mundo de la literatura infantil y juvenil gracias a
Cuchilla. En el año 2004, publicó su primer libro de poemas, Las
lunas de Chía. Su novela Los ejércitos en 2007 ganó el II Premio
Tusquets Editores de Novela (la primera versión fue declarada
desierta) y en 2009 el Foreign Fiction Prize del diario The
Independent a Mejor Ficción Extranjera (el mismo premio lo
habían ganado Orhan Pamuk, José Saramago y Milán Kundera).
La obra de Evelio sugiere, suscita y comprende toda una
cosmovisión y todo un mundo que, antes, y de otra forma,
deviene en la representación de la imaginación narrativa, para
que ésta adquiera su más pleno sentido y validez; en consecuencia,
las mismas razones que nos invitan a pensar que imaginar no es
inventar, nos sugieren que imaginar es comprender. Ahí, siguiendo
a R. H. Moreno Durán, se aprecia a plenitud una imaginación
comprensiva, capaz de captar una totalidad coherente desde la
literatura en la que se alternan diferentes planos de ficción y de la
realidad como expresión de una voz narrativa particular, que
en gran medida renueva el anhelo de leer y escribir. En esta
entrevista, Evelio habla de Pasto, la ciudad entrañable que
permanece en su memoria, del oficio de ser escritor, de su obra,
del porvenir de la literatura colombiana, de sus influencias.



Ilustración Juan M. Tavella



Ud. ha hablado de cómo conoció París a través de las lecturas, que tenía una idea mitificada de París. Pero cuando estuvo allá eso cambió, desmitificándola. ¿Podría decir lo mismo de estas visitas a Pasto, en relación a los recuerdos de su infancia?
No, porque Pasto es una ciudad entrañable, permanece en mi memoria desde niño. Volver a Pasto, entonces, es bastante significativo. Y sobre todo ahora, cuando vuelvo a escribir sobre Pasto, sus gentes, su historia. París sólo era un ideal literario. Pasto son mis padres, mis abuelos, y eso hace la diferencia.


¿Cuál cree Ud. que es ese elemento único que hace a una obra literaria admirable e inolvidable? El equilibrio entre la forma y la idea.


Hace algún tiempo corrió un escándalo a través de los medios de comunicación. Una artista cubana ofreció cocaína a los espectadores como parte de uno de sus performances en Bogotá. Esto no es extraño porque desde hace años el arte transgrede y evoluciona inusitadamente, alejándose cada vez más de ese arte sanador del que habla Nietzsche. Para Ud., ¿cuál es la finalidad última del arte de escribir?
Ante todo, yo no sé si sea una “transgresión” el repartir cocaína a los espectadores. Un payaso transgrede más en un circo. Pero no voy a responder sobre eso. Creo que se escribe a partir de una especie de remezón, de necesidad vital. Ese impacto vital que nos impulsa a escribir, esa realidad, es la misma que tiene que sentir el lector. Se tiene que trasladar el mundo “causante” de la literatura al mundo que “recibe” esta literatura, con igual o más intensidad. Esa puede ser una finalidad del arte de escribir, esa suerte de comunicación visceral y espiritual –si acaso el arte de escribir es poseedor de una finalidad.


En nuestro país se sigue leyendo muy poco, en comparación al nivel de lectura que tienen otros países latinoamericanos. ¿Qué propuesta se podría dar desde el oficio de escritor a esta situación?
La lectura como cátedra o clase en los colegios y escuelas. Pero una clase de lectura humanizada, basada en textos que hayan demostrado su vigencia en el tiempo, los clásicos, los buenos y grandes escritores, no los fantoches de la literatura. La lectura compartida, en voz alta. Una buena literatura atrae al lector incipiente. Allí radica todo: la elección de los textos a leer (no a estudiar, no a investigar, sólo a disfrutar). Los maestros de literatura deben ser por eso los primeros buenos lectores.


¿Cuál cree Ud. que es el porvenir de la literatura colombiana?
El mismo de un barco sin brújula en mitad del océano, y con un montón de farsantes haciendo de capitanes.


En la novela “Los Ejércitos” se retoma el tema de la violencia de nuestros pueblos que se anunciaba en “La Mala Hora” de García Márquez, y “El Llano en Llamas” de Juan Rulfo. En este caso, ¿su invitación es a volver al neorrealismo donde el pueblo es el protagonista de la historia?
No pensé jamás en este tipo de invitación. Sencillamente escribí la obra que necesitaba escribir, y como yo la quería escribir. Así he hecho con todas mis novelas y cuentos; no me determinan los “ismos” académicos, o cualquier otro tipo de especulación que no sea plenamente literaria, de creación.


Rilke señalaba que la mayor patria del hombre es la infancia. Esa infancia suya se ha volcado de manera decisiva en su obra, por ejemplo en la trilogía novelística titulada “Primera vez”. En ese sentido,¿por qué la infancia es para Ud. crucial en su proceso creativo?
No sólo para mí, estoy seguro, sino para todos los escritores que existen y hayan existido. De hecho, hay un lugar en la infancia, hay un momento de la infancia, que decide que escribamos el resto de nuestras vidas. A mí me parece que la vocación de escritor se decide en esa etapa de la vida, sólo que muchos escritores no son conscientes de eso. La infancia es el descubrimiento; es ver por primera vez, no sólo el mar, sino la mujer, la alegría y la soledad, aunque las veamos sin verlas, pero las descubrimos sintiéndolas en lo más íntimo. Todos mis cuentos “para niños” obedecen a un recuerdo de la infancia, a su nostalgia.


En algunas de sus novelas recurre a personajes solitarios que sobreviven en la desesperanza y en la caoticidad del mundo. ¿Esto podría considerarse un reflejo de la soledad que acompaña a Evelio Rosero como escritor?
No sé. Depende de la obra. No sólo el autor aparece en sus obras, sino principalmente quienes lo rodean, su mundo, su época.


Se dice que Balzac escribía vestido de monje, y bebiendo una tras otra taza de café, que Víctor Hugo lo hacía desnudo para no escapar de su casa, ésos entre otros rituales de los escritores. ¿Qué tipo de rituales tiene Ud. antes de iniciar su proceso creativo?
Algunos han variado, con los años. Ahora, no sé si pueda denominarlos “rituales”. Me gusta preparar mi propio café, con colador de tela, muy cargado; no me gustan las cafeteras eléctricas. No me importa que la jarra del café se enfríe; me gusta beberlo frío, beber su color negro como la noche. A veces lo “endulzo” con una copa de aguardiente, o dos, pero no tres. Siempre tengo una vela encendida en una esquina de la mesa donde escribo. No uso la vela para medir el tiempo, sino para mirar de vez en cuando el fuego, sus colores, el movimiento de la flama; a veces miro esto sin mirarlo, y la vela se consume sin que me percate. Eso quiere decir que he trabajado. Pero en todo caso la llama me acompaña. Antes fumaba con placer, al escribir. No podía iniciar sin un cigarro en la mano. Fue difícil dejar esta costumbre, que debo reconocer que hace mucho daño, y distrae. Pero todavía me fumo un cigarro, a escondidas del mundo, porque el mundo jode mucho a los fumadores. Prefiero escribir en la madrugada, aunque a veces trabajo en la tarde, en la noche, y muy esporádicamente. He perdido el rigor de otras épocas. Ahora me parece que uno se pierde del mundo y de muchas cosas bonitas por la soledad de escribir.




Carátula Angela María Quintana



Angus Wilson dice que el artista escribe debido a una especie de trauma, que usa su arte como una especie de terapia para superar su neurosis. Aldous Huxley, en cambio, sostiene lo contrario y dice que el escritor es eminentemente sano en lo mental, que si tiene una neurosis ello sólo aumenta su desventaja como escritor. ¿Cuál es su opinión al respecto?
Estoy plenamente de acuerdo con Huxley. En el cine, sobre todo, se retrata al escritor como un desquiciado, un orate. Hay fantoches de escritores que sufren de pataletas y se creen el eje del mundo; convencen a muchos con sus discursos egóticos, acuden a fiestas de intelectuales y hablan demasiado, pero a la hora de escribir no son ni siquiera capaces de mirarse al espejo de adentro. Para escribir se necesita de sosiego y equilibrio, y de mucha humildad. A fin de cuentas se está utilizando la misma herramienta que Cervantes y Shakespeare. A los que padezcan de neurosis les toca por eso un doble esfuerzo; pero también por eso, si son buenos, se les respeta.


Desde el punto de vista de la técnica, ¿qué escritores han influido más en Ud.?
Ya he dicho que los grandes escritores rusos del siglo XIX son mis maestros. Acaso mi técnica proviene de ellos, de la asimilación de sus obras, que pude lograr desde que empecé a leerlos, desde niño. Claro que hay otros escritores contemporáneos de los que se puede aprender mucho: Flaubert, en el cuidado del estilo, en la precisión, y Mario Vargas Llosa en el peculiar ensamblaje de sus novelas. Estos son sólo dos ejemplos. Faulkner es otro maestro de la técnica; García Márquez es su gran discípulo, que lo superó. Onetti, Felisberto Hernández, Doris Lessing, Coetzee, todos los buenos escritores nos aportan su experiencia creativa a través de su obra. El asunto es tomar de cada uno de ellos lo que consideremos realmente importante, lo que sólo a nosotros nos sirva, y reutilizarlo, verterlo en nuestra propia creación, pero a nuestra más libre manera, como nos venga en gana. No se trata de imitar a nadie, o parecerse a nadie, sino de crear con todas las voces del universo nuestra propia voz, nuestro grito auténtico


¿Cuál cree Ud. que es el porvenir de la literatura colombiana?
El mismo de un barco sin brújula en mitad del océano,
y con un
montón de farsantes haciendo de capitanes.

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