ISSN 2215-972X
ISSN 2215-9738

San Juan de Pasto, Nariño , Colombia

PORTADA PRIMER NÚMERO

PORTADA PRIMER NÚMERO
Ilustración de Jhon Felipe Benavides ©

14 de octubre de 2010

VISIONES (Artes Visuales)

BOCETOS BORRADOS
Por Harold Riascos Eraso
Pasto, Nariño

En un movimiento de ojos y manos que pasan del
espejo al papel, surgen de la unión de unos y
otros, bocetos que se borran en la cesura abierta,
emitiendo destellos en medio de tanta ceniza, en la
doble noche en la que el trazo de la palabra se
reparte entre quien escribe-dibuja y quien lee,
entre quien es escrito y es leído. Entre uno-y-otro.
Es entonces como se inaugura una obra, en el
gesto instaurador, en el movimiento mismo
de la invención (como prueba de imposibilidad)
en todas sus formas, teniendo en cuenta que la
‘Idea’ del arte –como lo afirma Jean-Luc Nancy–
es siempre el arte mismo, y cada vez diferente.
Estos bocetos dibujan la mismidad, como un traer
a presencia en la escritura, que remite a una
mirada sobre sí y fuera de sí en el umbral de la
exposición. Ahí el toque del dibujar se pierde
al ritmo de la donación, que se interrumpe y,
al tiempo se desborda. Pero al final puede ser
que, como en el cuadro Metamorfosis de
Narciso de Salvador Dalí, desde los silencios
de la pintura hacia el lejano espejo de tinta
donde el dibujante descubra el relámpago
fulgurante de su imagen exacta.



“El deseo maniaco de la obra hace olvidar la obra misma,
mejor aún, nos lleva hacia su origen que no es sino la nada
de la obra. Es de esta nada de donde provienen todas las
obras y todos los cantos, pero como inexorablemente
perdidos y fallidos”
Massimo Cacciari




Trazos movidos/outside

I

Un ritmo danza con la traza del rizo. Molde de rostro vaciado en el abismo del gesto. Abertura de un aire convocado y con bocado. La obra entre la comisura de los labios: el hambre, bosquejo disperso en la gana de mover la línea desde los rangos de la forma. También un abarcamiento de sí y, más allá, una prolongación al asomo del otro, a lo dibujado, a la superficie que se mira en su espejo. Interrogación estirada en el agrietamiento de lo por venir, pero a la vez lo inconcebible e inexorable puesto en la escena: un rasguño de grafito despojado; es ésta la intermitente fortuna del arte, un rescoldo de Narciso ahogado.


II

Buceo en la infinitud de la raya que ciñe el plano, en la trampa del asombro bordada con las sombras despeinadas del tiempo, penumbras que se sumergen y brillos que rondan las formas de un tajo. Escritura de un gesto en el renglón de la fibra muscular de la mano, donde su expresión imprime la desnudez del borde del cuerpo de la página en acción: vaivén de goma de borrador en marea alta sin timón y lo que ha de traer ese mar en su turbia plenitud.

III

Sorprendido, amago al perseguido por las líneas de un contorno, boceto débil interrumpido en la fisonomía del instante, humedad del parpadeo en la decisión, temblor de piernas y manos (abertura para verse en el otro, pero sin verse). En la encrucijada del espejo se zurce la sombra con lo que se ignora de la luz y su transparencia. Un huésped o víctima tan fluida como el agua, vierte su inmanencia en el juego disperso de rostros abiertos por la refracción de las olas. Encanto de una dialéctica del azar a través de la técnica: salvavidas de náufrago en el encare de rostros diluidos, en el vacío de lo que aún no se ve. Vacío lleno de ausencias y presencias. La marea se bifurca donde la pupila navega en su llanto. La atarraya recoge a raudales la ganancia de un fracaso, abolición de la diferencia de varios Narcisos con lanza de grafito.



"Adan y Eva expulsados del paraíso" de Giovanny Bautista


IV

“… lo importante es ese recorrido errante en el espacio abandonado del intervalo… el vacío ocasiona la situación creativa de los márgenes indefinibles del intervalo”
Juan Duchesne Winter


… un abarcamiento de sí y más allá una prolongación
al asomo del otro, a lo dibujado, a la superficie
que se mira en su espejo. Interrogación estirada
en el agrietamiento de lo por venir, pero a la vez
lo inconcebible e inexorable puesto en la escena:
un rasguño de grafito despojado; es ésta la
intermitente fortuna del arte,
un rescoldo de Narciso ahogado.


Disolución del trazo en el lago de la mancha, pero al fin y al cabo algún rasgo de ola siempre habita en el maelstrom. Un bordear de trazos, flujo que se deja llevar por el territorio del sueño: Veo pasar los pies de mis ojos –camino de piedras entre la lluvia curva. La hondura de la traza y la re-traza en las extensiones gesticuladas por la voluptuosidad, Línea entramada en puntos de nudo arqueando la armonía de un esquema de trazos a-gotados, en la oblicuidad de la lluvia que deviene una caricia sonora en su chispear reflejado; un salto de piedra a piedra, las caras convexas de espejos negros. En el despertar: la felicidad inundada en las hierbas temblorosas y hojas verdosas coronadas de rocío; en medio de regaderas deformadas se trenzan luz y agua. Se abre un enjambre de sabor y aroma en la curva que llena el vacío. Esa fuerza socava la expresión en el giro de la mirada y de los labios en el desborde temporal. De ahí que el arte coagule las moléculas desprendidas del sol en la herida de la luz. ¿Qué es lo que el ojo no puede (ver, oír, tocar, saborear, oler) en la distancia del tiempo?

V

“… la belleza es cabalmente la unidad de lo psíquico y lo corporal”
Sören Kierkegaard

Un relieve de intensidades, una cartografía expuesta de sangre, tierra, agua y fuego impregnada en cada hilo de la urdimbre (la Morada) de lo que se contrae y rebasa: movimiento de luz y sombra. Los surcos recogidos y dispersos por las caras del día, marcas desplomadas en el umbral de la línea continua del marcapaso de todo lo que se mueve. A partir de allí los rostros y las cosas o las cosas y su rostro ruedan por los sentidos. Un dibujo invisible del semblante se acerca y aleja: un lado en el sesgo, las aristas, vericuetos tras vericuetos de las formas, espacios que dejan distancias entre lo uno y lo otro, involucrándose y apartándose en la baraja de los recuerdos. Cuerpo de figura diluida, titilante, en el destello solitario de la memoria, desde lo oscuro hasta lo más claro, para seguirle la pista a la mueca de su historia. Lo que se mueve para quedarse quieto en su pose, que no es cadena, sino recaudos de tiempo en líneas sueltas.

Trazos movidos/inside

I

La ola del rostro se asoma, moja y se queda con el sudor del párpado y la mano. Una trenza fluida de líneas atraídas por el encanto de los ritmos. Una fosa de riesgos, cruces, desbordes insinuados y enmendados, semejanzas recobradas y refundidas en la mancha irregularmente ovalada; desglose y liberación de la sobrecarga de Narciso consumido, por la desmesura de la razón encarnada en la gran mole de las protuberancias y contracciones faciales (este bulto oscuro del cuerpo): como botón a través del ojal, el dibujante se ve en el que ha dibujado, en su mismidad.

II

El buril besa desbocado, sobrepasa la oscuridad y la luz ha sido recluida en las comisuras de la superficie (el deseo trasgrede la forma); goce refundido en el perfume de la epidermis revelada hasta reventar, mediante luces y sombras emparentadas en el nudo ciego de la impresión y la expresión; más aún, donde la luz encuentra su sombra y la sombra se refugia en la forma. De labio a labio lo inefable del beso.

III

La raya es una hebra suelta que baila en el secreto del parpadeo, pues, es entonces cuando nos borramos para acogernos en el abrazo del trazo, laberinto para zarpar el cerco de la forma. El grafito corre con paso fino, la sanguina se desata afiebrada y el carbón rompe su razón. De tantos trazos hay Uno en particular que marca el gesto, el encomendado, y con fe, el encontrado: la sal del rostro que rasga la materia adyacente esculpe la gran escultura consumida en el plano, que termina por ser una otredad. Arte de párpado caído del dibujante a su dibujo, acercamiento-expansión en un efecto de fuelle total y a la postre bisagra sin eje.

IV

El ojo del oído circunscribe la espiral alta de la retina y la forma se convierte en víctima de su vaivén. En una propagación de remolino sin reversa se refunden los gestos y la elipse recorre el abrazo a su intempestiva semejanza, el fluido no para, deseo que rebasa su orilla. El tiempo se fragmenta al volverse en el sí del sueño: el tono de la línea aborda los caminos infinitos y desborda sus formas en el espacio, al galope de mina de carboncillo las formas suenan, después ausencia de trazo o intersticios de figura donde el dibujante ha quedado escuchando el eco de su línea.

V

Líquida noche y líquido día un ojo de agua sobre sábana de papel: sepultura de mar resucitada en el azar de la superficie que a su vez adviene en el encuentro; un reflejo extraviado en el allá, una música a oscuras; ¿cuál es el gesto que acompaña al giro de la mirada de Orfeo? Cimbra la cuerda estelar, provocando turbulencia, línea delirante y rayón por doquier que redobla los ecos de la oscuridad atascada en la garganta de la pupila de Orfeo por arriesgar a Eurídice. Eurídice-imagen, herida por la serpiente elíptica de la fisura infinita que acaba en la entrega del contacto de sus lados, que ata de forma y figura al espacio de un cuerpo en aquella abundancia de vacío.

VI

El dibujante ha derrocado por una tilde (residuo de trazo inclinado) y con las mismas letras en desorden el “retén” es como una: “prevención militar nocturna”; ahora él, con los rasgos rayados, desnudos, impregnados y atrapados en la celada de la superficie, seguramente podría insinuar: –“entré” a dónde no podía estar–. Allí en su dibujo es donde caben todas las miradas agrietadas al unísono, como un follaje inmenso. En una política desgajada del espacio. Lo íntimo del dibujante ha de permanecer como una estela de su mano en cualquier orilla, expuesta al sereno en la red de la noche, y en una esquina de la tarde atisbará el residuo del grafito entre el brilloso filo de la uña y la carne de su dedo.

San Juan de Pasto - Sur América
05- 09

Bibliografía

CACCIARI, Massimo. El dios que baila. Buenos Aires: Paidós, 2000.

KIERKEGAARD, Sören. El concepto de la angustia. Madrid: Alianza, 2007.

NANCY, Jean-Luc. La mirada del retrato. - 1a ed. - Buenos Aires: Amorrortu, 2006.

________________. Tumba de sueño. Buenos Aires: Amorrortu, 2007.


Obra de Luis Caballero

No hay comentarios:

Publicar un comentario